Los 28 años

Los 28 años – La edad del umbral / Orna Bendor

Traducido por: Nuria Nuñez Pascual

Los 28 años son considerados una edad de cruce de umbral, también llamada: El punto cero.  Hasta los 21 años, el Sol, la Luna y los demás planetas actúan sobre la persona de manera ordenada y renovando sus fuerzas vitales; entre los 21 y los 28 años de edad todo el zodíaco actúa sobre ella desde fuera, sin que la persona tenga que realizar ningún esfuerzo.

A partir de los 28 años, los planetas dejan de actuar sobre ella.  Lo que significa que la persona necesita renovarse a sí misma desde sus fuerzas internas y empezar a utilizar las herramientas que adquirió durante su vida hasta ese momento.  La persona es llamada a dejar ir cualidades pasadas que no están ligadas a su futuro y que no le servirían para su desarrollo futuro.

Junto con esta separación de las capacidades y la identidad del pasado, se abre una primera posibilidad de libertad, pero también una de responsabilidad.  Se inicia a esa edad y se expresará plenamente a los 49 años, en lo que se llama “la edad de liberación de la esclavitud”.  Curiosamente, los 28 años están misteriosamente relacionados con los 14 y los 49 años, según la ley de los espejos.1

A los 14 años se revela un cierto aspecto del destino individual de una persona, algo que lo hace único y que está relacionado con su karma.

A los 28 años, se produce el cruce de un umbral, que está relacionado con la pérdida de las cualidades y los talentos que ya no son relevantes para su futuro y destino.

Los 49 años, “la edad de la liberación de los esclavos”, una persona puede ser liberada de su karma del pasado y puede emprender un nuevo camino hacia la libertad.

Muchas personas no pueden cruzar ese umbral y separarse de su karma del pasado; atravesar ese umbral requiere renunciar a lo viejo. Desde la sabiduría espiritual, aquel que no cruza el umbral “muere” desde un cierto punto de vista. Algunas personas mueren físicamente a esa edad. Un fenómeno que se acuñó como: el Club de los 272.

Estudio de un caso:

A los 28 años regresé a Israel después de pasar un año estudiando dirección coral y educación musical en Budapest. No volví a Jerusalén. Dejé mi casa, amigos y lugar de trabajo, y decidí comenzar de nuevo en Tel Aviv. Me uní a un grupo espiritual, un movimiento que luego resultó ser el comienzo de mi desarrollo espiritual. Además, también dejé de tocar música como profesión. Al hacerlo, abandoné las cualificaciones que pertenecían a mi karma del pasado y dejé de confiar en ellas, por el bien de mi karma futuro.

Estudio de un caso: Shani

Después de la finalización de su servicio militar, Shani (nombre falso) trabajó en una exitosa empresa familiar, empezando como recepcionista y avanzando hasta el puesto de dirección de marketing y publicidad; según ella, ese era su camino natural. Ella describe: “A los 28 años, decidí apartar todo lo que me resultaba familiar (y cómodo …) en mi vida hasta ese momento y empezar de cero. Para hacerlo, tuve que dejar mi trabajo en el negocio familiar. Mi padre se negó a aceptarlo, y no pude decirle que me iba; por eso me di cuenta de que tenía que distanciarme físicamente. Elegí viajar a un lugar que no conocía, lo más lejos posible, y la India me estaba llamando. Mi padre pensó que era solo un capricho y se negó a encontrar alguien que me sustituyera. Unos días antes de mi partida, logré convencerle para que lo hiciera. Rápidamente coincidí con mi sustituto y el día de mi vuelo todavía fui a trabajar (con un traje de negocios y un calendario lleno de reuniones …) y luego volé a la India esa noche. Sola en el avión, abrí por primera vez el libro “Lonely Planet” y comencé a leer sobre la India. El proceso de despedida de mi padre y de la compañía fue largo. Tuve que distanciarme para que mi padre entendiera que el cielo no se caería mientras yo estuviera fuera, y que él debería respetar y aceptar mi deseo. De hecho, tuve que “divorciarme” del negocio familiar y, en cierto sentido, de mi padre como un “jefe”. De hecho, viajé y regresé después de 6 meses, dejé mi apartamento en un lujoso edificio de gran altura y me trasladé a una pequeña casa en un pueblo.

Salir y viajar fueron para mí un salto significativo de mi pasado a mi vida futura. De antemano, no podía imaginarme a mí misma lejos del negocio, del trabajo y del ambiente especial de la familia y de los trabajadores entorno a la empresa. Mi presencia allí me definía, y al mismo tiempo me limitaba. En lo que a mí respecta, “Shani” no existía fuera del negocio. Quería saber quién era sin el rol en el negocio familiar. ¿Quién era esa persona desconocida? Esta experiencia, de dejar el negocio familiar, fue considerada en mi entorno como una locura. Se consideraba anormal dejar atrás lo que supuestamente estaba destinado para nosotros desde que nacimos. Cuando me fui, me descubrí sin esa envoltura, sin la protección y la limitación, sin el abrazo envolvente que también era sofocante. Ese movimiento fue muy significativo para el resto de mi vida: desde entonces hasta el día de hoy, vivo en el campo y no en una ciudad, practico y estudio lo que me interesa en el campo del alma y el cuerpo, y disfruto de la intimidad y de la vida familiar a mi propia manera, mientras aprendo y crezco continuamente en todos los aspectos de mi vida.”

1 La Ley de los Espejos indica las conexiones entre diferentes edades no cronológicas en las que se producen eventos similares que se experimentan en diferentes niveles de conciencia.

2 El Club de los eternos 27; fue acuñado para un grupo de cantantes de rock y blues que murieron a los 27 años de edad. Ese término se convirtió en una expresión familiar en la cultura juvenil y la música rock estadounidense, ya que algunos artistas que fueron considerados prominentes en su época, fallecieron a los 27 años. Por ejemplo, Kurt Cobain, el solista y líder de la banda Nirvana, y considerado uno de los cantantes y músicos más importantes de su tiempo, se suicidó a los 27 años. Otros cantantes que murieron a esa edad: Brian Jones (el fundador de los Rolling Stones), Janis Joplin, Jimmy Hendricks, Jim Morrison y muchos más. Este fenómeno generó mucha curiosidad sin una explicación.

 

* Más referencias de esta edad:

Anexo 1

“Hasta los veintiuno o veintidós años, el Sol, la Luna y los demás planetas están trabajando sucesivamente en el crecimiento humano. Después, desde los 21 hasta los 28 años, trabajan las constelaciones de las estrellas fijas. Sin duda, esto se escapa a la observación ordinaria. Solo la sabiduría misteriosa habla del zodiaco entero actuando en el ser humano entre el comienzo y el final de los veinte años. Después el mundo se vuelve severo. Ya no quiere actuar sobre una persona; se vuelve duro. De esta extraña y nueva relación del ser humano con el mundo a los 28, 29 años, en los que el mundo se endurece para nosotros, la ciencia actual apenas sabe nada. Aristóteles se lo enseñó a Alejandro cuando le dijo que empujamos contra el cielo de cristal y lo encontramos duro. Así, “el cielo de cristal”, más allá de la esfera de las estrellas fijas, adquiere un significado para la comprensión humana. Y uno empieza a darse cuenta de que cuando llegamos al final de nuestra veintena, no encontramos más fuerzas en el cosmos para nuestra propia renovación. ¿Por qué no morimos, entonces, a los veintiocho años? Bueno, el mundo circundante nos deja morir a los veintiocho años. Es verdad. Quien vea la relación de la humanidad con el mundo, quien observe conscientemente el mundo, debe decir: “¡Oh mundo, en realidad me sostienes solo hasta mis 28 años!” Solo cuando uno se da cuenta de esto, finalmente empieza a comprender la naturaleza real del ser humano.

Por ahora, ¿qué sucede cuando el mundo retira sus fuerzas formativas, fuerzas que anteriormente siempre habíamos sido libres de utilizar para construirnos? En este momento notable, cuando a los 28 años empezamos a mostrar claramente que las fuerzas de crecimiento anteriores se han ido por completo, algunas personas empiezan a morir. Algunos se aferran un poco más a las fuerzas de crecimiento que están echando a volar. Pero incluso Goethe se había vuelto más pequeño cuando se midió cuidadosamente. Esto fue cuando empezó a trabajar nuevamente en la segunda parte del Fausto. Antes ya había comenzado a desvanecerse. Desde el momento en que el mundo nos abandona, tenemos que gestionar nuestra renovación nosotros mismos, desde las fuerzas que hemos recibido hasta ese momento. Ciertamente, cuando las partes de nuestro organismo que se pueden renovar son cada vez menos y menos, no podemos trabajar para darnos un nuevo cuerpo en la misma gloriosa medida que lo hacen los niños hasta el cambio de dientes, cuando forman su primer propio cuerpo desde el modelo. Pero hemos reunido muchas, muchas fuerzas del Sol, la Luna y las estrellas que llevamos dentro de nosotros y que necesitamos cuando a los 28 tenemos que comenzar a renovar nuestro cuerpo físico-material nosotros mismos. Este es el momento en la vida terrestre cuando descubrimos que ahora se nos da toda la responsabilidad de nuestra forma humana. Este momento de nuestra vida, cuando estamos completamente solos, es el momento por el que nos hemos esforzado y desde el que debemos continuar. Nos esforzamos desde la infancia, cuando recibimos muchas fuerzas cósmicas, nos esforzamos cada vez más hacia un punto que se encuentra al final de nuestra veintena, cuando ya no construimos nuestro crecimiento a partir de las fuerzas cósmicas. Cualquier cosa que hagamos después de ese momento, lo hacemos desde las fuerzas que salen de nuestro propio cuerpo. En el medio está el punto en el que dejamos de trabajar con las fuerzas cósmicas y empezamos a desarrollar fuerzas desde de nuestro propio cuerpo.

A menudo encontramos que tiene lugar una actividad prematura en algunos niños de las fuerzas que surgen del propio cuerpo del niño. Nos damos cuenta de esto a partir de ciertos síntomas patológicos que el niño muestra en los huesos, por ejemplo, que se vuelve frágiles, y particularmente en el engordar. Pero la conexión entre estas cosas no se ve fácilmente. En cada momento de la vida, una persona lucha por alcanzar este punto de los 28 años o se aleja de él. Debes darte cuenta de que es una especie de punto cero, una especie de hipomoclion (punto de apoyo de una palanca), un momento cero en el tiempo en el que nos encontramos entre nosotros y el mundo. Siempre, en nuestra dinámica interna, nos estamos esforzando hacia ella o desde ella. Lo que sea que esté sucediendo en nosotros es un esfuerzo hacia un cero o lejos de un cero, algo que hacemos hacia o lejos de la nada. Estamos luchando hacia el punto donde el mundo ya no está activo y nosotros todavía no estamos activos. Entre las dos condiciones hay una especie de cero. Hay algo en nosotros que está orientado hacia la nada. Esto es lo que nos hace seres libres; por eso podemos asumir responsabilidades.

Está enraizado en la constitución humana que somos seres libres y responsables, porque en el momento de la transferencia del mundo a nosotros mismos pasamos por un punto cero. Así como la barra de un par de platos de una balanza atraviesa un punto cero de derecha a izquierda, de izquierda a derecha, y ese punto no sigue las leyes a las que están sujetas el resto de puntos de la balanza. Puedes pensar cuando tienes un par de platos de una balanza, aquí las leyes mecánicas que has aprendido están actuando; esto le da a la balanza una forma exacta, ya sea esta arriba y aquella abajo o, al contrario. Esa es la ley de las balanzas, la ley de la palanca. Puedes cargar la balanza al revés; su relación sigue siendo la misma en todas partes, siempre sujeta a esas leyes mecánicas donde sea que las lleve, excepto en este punto. Este punto es libre. Puedes transportar el punto como si no estuviera conectado a un par de platos de una balanza: los platos permanecen sin cambios. Y así es, cuando te sostienes a ti mismo en las experiencias de tu alma en ese punto hacia el que primero te esfuerzas, desde el cual luego te alejas: primero el mundo está activo, luego tú mismo, y aquí nada está activo. Con la tendencia hacia y la tendencia desde, aquí donde se sienta un hipomoclion, aquí puede vivir libremente esa capacidad humana que no está determinada ni por la naturaleza ni por el mundo. Aquí está el punto de origen de la libertad humana. Aquí es donde nace la responsabilidad.”(1).

Anexo 2

“Originalmente, dijeron que el hombre estaba destinado a venir a la tierra de tal manera que pudiera formar su propio cuerpo físico a partir de las sustancias de la tierra, así como él mismo recopila su cuerpo etérico de la sustancia cósmica de éter. Pero luego cayó presa de las influencias luciféricas y ahrimánicas, y por lo tanto perdió la facultad, de su propia naturaleza, para construir su cuerpo físico. Por lo tanto, debe tomarlo de la herencia.

“… Si, al trabajar en sí mismo, depende por completo del modelo, entonces olvida, si puedo decirlo así, lo que él mismo trajo consigo. Toma su señal completamente del modelo. Otro ser humano, con mayores fuerzas internas como resultado de vidas anteriores en la tierra, toma menos su dirección del modelo; y verás cuánto cambia un ser humano en la segunda fase de la vida, entre el cambio de dientes y la pubertad.

Esta es precisamente la tarea de la escuela. Si es una verdadera escuela, debería desarrollar en el ser humano lo que ha traído con él de los mundos espirituales a esta vida física en la tierra.

Por lo tanto, lo que el ser humano luego lleve consigo a la vida contendrá más o menos características heredadas, según la medida en que pueda o no superarlas.

Ahora, todas las cosas tienen su aspecto espiritual. El cuerpo que tiene el hombre en los primeros siete años de vida es simplemente el modelo del cual toma su dirección. O bien sus fuerzas espirituales están hasta cierto punto sumergidas en lo que el modelo presiona sobre él, entonces permanece bastante dependiente del modelo; o bien, en los primeros siete años, aquello que se esfuerza por cambiar el modelo, trabaja exitosamente a su manera sobre él.

Este esfuerzo también encuentra expresión externa. No se trata simplemente de que el hombre trabaje sobre el modelo. Mientras lo hace, el modelo original se afloja gradualmente, se despega, por así decirlo, se cae. Todo se cae, como se caen los primeros dientes. A lo largo de este proceso, las formas y fuerzas del modelo están presionando por un lado, mientras que por otro lado el ser humano está tratando de imprimir lo que él mismo ha traído consigo a la tierra … Hay un verdadero conflicto en los primeros siete años de vida. Visto desde el punto de vista espiritual, este conflicto está representado por aquello que encuentra expresión, externamente, sintomáticamente, en las enfermedades infantiles. Las enfermedades típicas de la infancia son una expresión de esta lucha interna.

No hace falta decir que las formas similares de enfermedad a menudo ocurren más tarde en la vida. En tal caso, por poner solo un ejemplo, puede ser que el paciente no tuviera mucho éxito en superar el modelo en los primeros siete años de vida. Y a una edad posterior surge un impulso interno, después de todo, para deshacerse de lo que ha permanecido kármicamente en él. Por lo tanto, a los 28 o 29 años de vida, un ser humano puede sentirse repentinamente exaltado internamente, con mayor vigor para vencer al modelo, y como resultado, él o ella contraerá alguna enfermedad de la infancia “. (2)

 Bibliografía

1 – Rudolf Steiner (1924).”Curso para Jóvenes Doctores: Contemplaciones Meditativase instrucciones para Profundizar en el Arte de Curar”. GA318. Conferencia 4.

2 – Rudolf Steiner (1924). Relaciones Kármicas: Estudios Esotéricos – Volumen I. Schmidt Número: S-5627.

*Este ensayo fue escrito con la ayuda de Yael Armoni – una counselor biográfica y profesora en la Escuela Hotam.

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